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La innovación que no aparece en los libros

2022-08-06 9 min de lectura

Por qué medimos mal el esfuerzo innovador de las economías de servicios, y qué cambia cuando corregimos la frontera contable.

Los servicios explicaron el 66,2% del valor agregado mundial en 2024, según los indicadores de desarrollo del Banco Mundial, contra 65,3% el año anterior y niveles cercanos al 62% a fines de los noventa. La cifra es conocida y suele usarse como argumento de cierre: la economía se terciarizó, luego hay que estudiar los servicios. Nos interesa otra lectura, menos cómoda. Si dos tercios del producto se generan en actividades cuyo esfuerzo innovador se contabiliza como gasto corriente y no como inversión, entonces el instrumental con el que medimos innovación - construido alrededor del gasto en investigación y desarrollo - está mirando una fracción decreciente del fenómeno. La tesis de este trabajo es que el problema de la innovación en servicios es, antes que un problema teórico, un problema de perímetro contable, y que corregir ese perímetro modifica simultáneamente dos cosas que rara vez se discuten juntas: el diagnóstico de política tecnológica y la valuación de las firmas.

De dónde viene el desajuste

La literatura sobre innovación en servicios se organizó, desde comienzos de los dos mil, alrededor de tres posiciones. El enfoque asimilacionista sostiene que la innovación en servicios debe estudiarse con las herramientas desarrolladas para la manufactura, entendiendo el servicio nuevo o mejorado como análogo del producto nuevo o mejorado. Rubalcaba (2013) señala que esa mirada asigna a los servicios un papel subordinado en el proceso innovador, coherente con la taxonomía de Pavitt (1984), que los clasifica como sectores dominados por proveedores: receptores de innovaciones generadas en otra parte. El enfoque demarcacionista responde que las dimensiones no tecnológicas son constitutivas del servicio y exigen un aparato propio, dada su naturaleza intangible, su dificultad de almacenamiento y protección por vías tradicionales de propiedad intelectual, y el alto grado de interacción con el cliente que su producción requiere (Coombs y Miles, 2000). El enfoque de síntesis, finalmente, observa que las diferencias intrasectoriales suelen ser más marcadas que las diferencias entre manufactura y servicios tomados como agregados (Gallouj, 1998), y que la dimensión de actividad de cualquier sector incluye siempre componentes de servicio.

Coincidimos con la tercera posición, pero creemos que se detuvo demasiado pronto. Si la frontera entre producto y servicio se desdibuja - la servitización de la que habla la literatura, visible en el servicio sobre el bien, el servicio complementario al bien y el servicio que sustituye la propiedad del bien - entonces el problema deja de ser cómo clasificar y pasa a ser cómo contabilizar. Y ahí la respuesta es incómoda: bajo los marcos contables vigentes, el desarrollo interno de procesos, plataformas y capacidades organizacionales califica para capitalización sólo bajo condiciones restrictivas, de modo que la mayor parte del esfuerzo innovador de una firma de servicios se imputa a gastos de comercialización y administración o directamente al costo del servicio. No es un error de los contadores. Es la aplicación consistente de un criterio de reconocimiento diseñado para activos con beneficios futuros identificables y separables, condición que el capital organizacional cumple mal por construcción.

Conocimiento, aprendizaje y el problema de la apropiabilidad

El sustrato conceptual está disponible desde hace tiempo. Johnson y Lundvall (1994) plantean que la estructura productiva funciona como marco del aprendizaje rutinario que ocurre en el sistema, y que esos procesos de aprendizaje tienden a reforzar la estructura vigente: los sistemas de innovación tienden a especializarse antes que a diversificarse. El segundo eje de su argumento es el marco institucional, entendido como la estructura de rutinas, normas, reglas y leyes que gobierna el comportamiento y determina las relaciones personales, y que impacta sobre el modo en que se produce el aprendizaje interactivo y, por lo tanto, sobre el ritmo y la dirección de la innovación. Traducido al problema que nos ocupa: si el aprendizaje que sostiene la innovación en servicios está embebido en rutinas, relaciones con clientes y capacidades de personas antes que en artefactos técnicos, es esperable que resulte difícil de medir y de apropiar, y esas dos dificultades tienen la misma raíz.

Schumpeter (1934) definió la competencia relevante como aquella que incorpora nuevas combinaciones. La observación conserva su filo si aceptamos que la combinación puede ser organizacional. Una firma que rediseña su modo de entregar un servicio y captura renta extraordinaria durante el período en que sus competidores no logran imitarla está haciendo exactamente lo que Schumpeter describía, con la diferencia de que su gasto innovador no dejará huella en ninguna estadística de I+D y su activo intangible no aparecerá en el balance. Aquí está el punto donde el argumento se vuelve operativo y no meramente descriptivo.

El caso que suele contarse mal

La narrativa canónica de innovación en servicios es Netflix contra Blockbuster: el diseño de un servicio sin cargos por demora habría vuelto obsoleto el modelo tradicional de alquiler. La historia es cierta en su descripción y engañosa en su mecanismo, y conviene decirlo porque es el ejemplo que aparece en casi toda la literatura divulgativa, incluida una versión anterior de este texto que escribí en 2022.

Tres correcciones. Primero, el desplazamiento decisivo no fue la eliminación de las multas sino el pasaje al streaming, y esa transición fue intensiva en capital: infraestructura de distribución de contenido, acuerdos de licencia y, más tarde, producción propia, que sí se capitaliza como activo de contenido. La innovación de servicio funcionó como cuña de entrada, no como fuente sostenida de renta. Segundo, la caída de Blockbuster tuvo un componente de estructura de capital difícil de separar del componente competitivo: una compañía apalancada tiene menos margen para canibalizar su propio flujo de caja que una compañía financiada con equity de crecimiento. Tercero, y esto es lo que más nos importa, el activo que efectivamente sostiene el margen de Netflix hoy - el sistema de recomendación, la capacidad de predicción de demanda de contenido, los procesos de producción - es precisamente el tipo de activo que la contabilidad no reconoce y que la estadística de innovación no captura. El caso no ilustra el poder de la innovación en servicios. Ilustra que no sabemos medirla.

Este es también el dato que incomoda a nuestra propia tesis. Si el capital organizacional fuera la fuente principal de renta, deberíamos observar persistencia de márgenes en firmas de servicios sin capital físico ni contenido propietario, y eso no ocurre de manera general: buena parte de las innovaciones de servicio se imitan rápido, precisamente porque su barrera de entrada es baja. La renta extraordinaria derivada de innovación en servicios parece ser, en promedio, más intensa y más breve que la derivada de innovación tecnológica protegible. Esa asimetría no está bien documentada y es un vacío de evidencia real: no existe una serie armonizada de esfuerzo innovador en servicios comparable a la de gasto en I+D, y los manuales de medición captan la innovación no tecnológica por encuesta autodeclarada antes que por gasto contabilizado.

La conjetura: capitalizar el gasto que hoy se expensa

Acá pasamos de la revisión a una propuesta propia, que no está testeada en este texto y que conviene leer como programa de trabajo antes que como resultado.

La literatura de asset pricing resolvió, para sus propios fines, un problema formalmente idéntico al que la literatura de innovación en servicios viene planteando desde hace veinte años. Eisfeldt y Papanikolaou (2013) construyen una medida de capital organizacional capitalizando gastos de comercialización y administración mediante inventario perpetuo, y documentan que las firmas con alto stock de ese capital exhiben retornos esperados diferenciales. Peters y Taylor (2017) formalizan una medida de capital intangible que suma capital de conocimiento, acumulado desde el gasto en I+D, y capital organizacional, estimado como una fracción del gasto de comercialización y administración, y muestran que la q de inversión se comporta mejor cuando se incluye el intangible en el denominador. Nuestra conjetura es que ese mismo ajuste, aplicado con propósito distinto, resuelve el problema de medición de la innovación en servicios.

La especificación es directa. Definimos intensidad innovadora ajustada como la suma del gasto en I+D más una fracción del gasto de comercialización y administración, dividida por ventas, y la comparamos contra la métrica convencional de I+D sobre ventas para un panel de firmas cotizantes clasificadas por sector. La primera predicción falsable es que el ordenamiento sectorial cambia de manera material: sectores que aparecen como poco innovadores bajo la métrica convencional ascienden de manera significativa bajo la métrica ajustada, y la magnitud del reordenamiento crece con la participación de servicios en el sector. La segunda es que la brecha entre ambas métricas, tomada como proxy del error de medición, correlaciona negativamente con la cobertura que las estadísticas oficiales de innovación reportan para ese sector. La tercera, más ambiciosa, es que un factor construido sobre intensidad innovadora ajustada dentro del universo de servicios captura variación de retornos que el factor de I+D convencional no captura.

Los problemas de identificación son serios. La fracción capitalizable del gasto de comercialización y administración es un supuesto, no una medición, y la literatura converge en un valor por convención antes que por estimación estructural. Las prácticas de imputación de ese rubro difieren por sector y por jurisdicción, lo que introduce sesgo justamente en la comparación que nos interesa. La tasa de depreciación del capital organizacional es un parámetro libre con impacto de primer orden sobre el stock estimado. Y la aplicación a mercados latinoamericanos, que es donde el ejercicio tendría más valor de política, enfrenta paneles pequeños, reporte heterogéneo y series cortas. Nada de esto invalida el programa. Sí obliga a presentarlo como conjetura.

Alcance

Queda explícitamente fuera de este trabajo la discusión sobre qué marco institucional promueve mejor la innovación en servicios, que es un problema de economía política y no de medición, y el análisis de la innovación en servicios dentro de cadenas globales de valor, donde la unidad de análisis relevante deja de ser la firma. Tampoco abordamos si la economía del conocimiento se confina a los márgenes más avanzados del capitalismo mundial o puede extenderse a las regiones en desarrollo, pregunta que consideramos abierta y de importancia mayor que la que se le suele asignar.


Referencias

Barletta, F., Suárez, D. y Yoguel, G. (2013). Innovación en servicios: un aporte a la discusión conceptual y metodológica, 61-74.

Coombs, R. y Miles, I. (2000). Innovation, measurement and services. En J. S. Metcalfe e I. Miles (eds.), Innovation systems in the service economy. Kluwer.

Eisfeldt, A. L. y Papanikolaou, D. (2013). Organization capital and the cross-section of expected returns. The Journal of Finance, 68(4), 1365-1406.

Gallouj, F. (1998). Innovating in reverse: services and the reverse product cycle. European Journal of Innovation Management, 1, 123-138.

Johnson, B. y Lundvall, B. (1994). Sistemas nacionales de innovación y aprendizaje institucional. Comercio Exterior.

Pavitt, K. (1984). Sectoral patterns of technical change: towards a taxonomy and a theory. Research Policy, 13, 353-369.

Peters, R. H. y Taylor, L. A. (2017). Intangible capital and the investment-q relation. Journal of Financial Economics, 123(2), 251-272.

Rubalcaba, L. (2013). Innovation and the new service economy in Latin America and the Caribbean. Discussion Paper IDB-DP-291, Banco Interamericano de Desarrollo.

Schumpeter, J. A. (1934). The theory of economic development. Harvard University Press.

Banco Mundial. Services, value added (% of GDP), indicador NV.SRV.TOTL.ZS, World Development Indicators.